17/5/11

Las crónicas del Gordo Hijo de Puta: El mundo perdido (I)

La puerta bailaba en un ritmo disparejo, desprovisto de toda elegancia, mientras mi mano intentaba devolver mi punto de gravedad a su distancia habitual de 90 cm del suelo, al apoyarse sobre la humedad de las paredes. Estaba incompleto, los restos de los restos de los seres vivos que yacían en mi intestino, se encontraban ahora flotando bajo la vigía de mi recto. Mientras lentamente me ponía de pie, intentaba, en vano, recordar los eventos anteriores a mi ocupación en el baño.
Al limpiar los vestigios de su estadía en mi colon, miré con cierta indiferencia los teresos dentro del inodoro. Uno de ellos tenía la forma de un triceratops. Le saqué una foto con un celular que misteriosamente llevaba en uno de los bolsillos de la campera. Se lo envié a todos en la lista de contactos.

Salí del baño, dando con un pasillo de paredes corroídas. No tiré la cadena, quería compartir el fruto de mi sistema digestivo con el mundo.
No sabía dónde estaba. El final del corto pasillo conectaba con lo que parecía una galería de algún centro urbano. Que hacía acá? Me encontraba desorientado, sin saber exactamente que hacer y hacia donde ir.
Al salir a la calle, me encuentro con un marco desolador: La franja naranja del atardecer otorgaba cierto contraste a los autos volcados, las vidrieras hechas trizas, y el caos acampando en sus anchas.
"Uy, la concha de su madre, -pensé- tiranosaurios del orto, si no hacen bardo no se sienten satisfechos".
Una oscuridad apagó mis pensamientos. La sombra que me cubrió a mí y a la circunferencia que me rodeaba, provenía de dos colosos de carne peluda de 2 metros de altura. Me llamó la atención lo mal que combinaban sus carteras con sus minifaldas.
Travesti1: Este es?
Travesti2: Sí, lleva puesta la remera.
Bajé la cabeza para contemplar el logo estampado de Jurassic Park en mi prenda.
Travesti1: Este gordo hijo de puta me robó el celular.

No había que ser un puto genio para darse cuenta de que estos forros me querían chamullar para quedarse con todo lo que llevaba encima. Corrí. Mi humanidad se desparramaba por toda la vereda, por sobre los papeles volando, los avisos de putas pegados en los postes, la basura diseminada en el camino, y los soretes de perros.
Los travestis no se esmeraron en perseguirme, a pesar de la rabia que había escupido el aparente dueño del dichoso teléfono robado.
"Será por las polleritas esas d-" Mis pensamientos volvieron a verse interrumpidos al doblar la esquina y encontrarme con un escuadrón de travestidos apuntándome con sus penes y sus tacones altos.
"Me va a finitar un grupo de invertidos. Soñé con este momento".